CISMA DE LOS GRIEGOS

Origen del Cisma griego.
Desde que los emperadores fijaron su residencia en Constantinopla, los patriarcas de esta ciudad comenzaron a mostrarse envidiosos de la supremacía del Papa, y a querer igualarle en categoría. Con este fin, vióleles aprovechar cuantas ocasiones se presentaban para hacer actos de independencia y a arrogarse poco a poco, la supremacía sobre todas las Iglesias de Oriente. En el siglo VI, llevo uno de ellos la audacia al extremo de tomar el fastuoso titulo de patriarca ecuménico o universal. Tales tendencias no podían menos de concluir con un cisma y así sucedió en efecto. Focio comenzó el rompimiento en el año 850 y lo consumo Miguel Cerulario a mediados del siglo XI.

Focio.
Era Focio un hombre dotados de bellas prendas naturales, pero que se dejaba dominar de su carácter fogoso y de su desmesurada ambición. No contento con verse elevado en la silla patriarcal de Constantinopla, que ocupaba entonces San Ignacio, prelado distinguidísimo por su ciencia y su virtud. Presentaronse propicias las circunstancias, porque el emperador Miguel III y su favorito Bardas expulsaron a San Ignacio de su sede, debido a que los reprendían por su escandalosa vida, y lo sustituyeron por Focio, cuya adhesión conocían bien.
Faltaba tan solo legitimar esta sacrílega usurpación. Como San Ignacio se negara con entereza a dar su renuncia, lo encerraron en oscuro calabozo, donde lo afligieron con malos tratamientos; hicieron que una especie de concilio decretase su deposición y luego lo desterraron. Aunque Focio trato de obtener por sorpresa la aprobación del Papa, desfigurándole los hechos, este llego a conocer la impostura, y mando una enérgica protesta al emperador; anulo las actas de aquel conciliabulo, y decreto la deposición de Focio y la restauración de San Ignacio.
La muerte de Bardas y la del emperador acaecidas poco después, obligaron a Focio someterse. Este fue encerrado en un monasterio, mientras San Ignacio, volviendo de su destierro, hacia su entrada triunfal en Constantinopla. Celebrase en esta capital un concilio general que renovó la sentencia que contra el usurpador había dictado el soberano Pontífice, cuya primacía sobre todos los patriarcas y obispos del mundo catolico fue universalmente reconocida.
Sin embargo cuando murió San Ignacio, Focio volvió a ocupar indebidamente la sede patriarcal de Constantinopla; pero anatematizado de nuevo por la iglesia, fue a pasar el resto de su vida en un monasterio de Armenia (891).
No concluyeron con el aquellas aspiraciones de independencia, por una buena parte de la iglesia griega se hallaba dominada por cierto espíritu de encubierta animosidad contra la corte de Roma, y todo estaba bien preparado para el cisma, cuando Miguel Cerulario fue elevado a la pastilla patriarcal de Constantinopla (1043).

Miguel Cerulario.
Este nuevo patriarca se declaro desde luego enemigo de la Iglesia romana, acusándola de haber alterado la disciplina en varios puntos esenciales, aunque esto no era más que un pretexto para sus planes. Puzoles luego en ejecución, haciendo cerrar las Iglesias de los latinos y mando reiterar el bautizo de los que habían recibido conforme al rito romano.
El papa envió legados a Constantinopla, y aunque fueron recibidos por el emperador con los honores acostumbrados, el patriarca se negó a verlos. Todavía, hizo más, pues reuniendo a algunos obispos como en concilio, tuvo la osadía de decretar la excomunión del papa y de todos los latinos. Con este atrevido y ruidoso escándalo consumo el cisma, que subsiste aun en una gran parte de la Iglesia griega, por más esfuerzos que los papas han hecho para traerla de nuevo a la unidad católica.
Los griegos cismáticos se dividieron en varias iglesias; independientes unas de otras. La más numerosa es la Iglesia rusa, en la cual desde Pedro el Grande, hasta la revolución rusa de 1917, la suprema autoridad espiritual residió en el Czar.